domingo, 26 de diciembre de 2010

EL FÚTBOL COÑO !!

Me encuentro con Vanesa después de andar peleados durante dos meses, como siempre, todo ha sido mi culpa, no debí abandonarla en el hotel mientras quería contarme sus problemas, es que no comprendo porque, si no se cómo resolver mis propios problemas, puedo perder el tiempo escuchando problemas ajenos. Vanesa me mando al demonio y no tuve mejor decisión que abandonar la habitación, mientras ella soltaba insultos a su regalado gusto.

Pero hace días que me ha llamado, me dice que necesita verme, que solo yo puedo entenderla, me pide encontrarnos en el mismo hotel donde peleamos la última vez. A mí me gusta ese hotel, porque el dueño nos da una de sus mejores habitaciones, alegando que somos sus clientes favoritos, yo sospecho que ese viejo verde quiere ligarse a Vanesa, pero no se lo digo porque eso implicaría que ella escoja otro hotel y no obtendríamos los mismos privilegios. Así que guardo silencio por conveniencia.

Compramos unas cervezas y ponemos el MTV en el televisor, subimos el volumen para que nadie escuche nuestros ruidos, hacer el amor con aquella mujer siempre es grato, pareciera que cada vez es alguien distinta, nos reinventamos en la cama, pero después de los orgasmos seguimos siendo los mismos miserables que han llegado a aquel lugar solamente en busca de placer en compañia. Después de tres colisiones carnales, yo tomo el control remoto y busco el canal de deportes, aquella tarde se estaba jugando la final del torneo nacional, Vanesa me recrimina, me pide que me vista y la acompañe a las tiendas del centro a comprarse algo de ropa. Yo ni loco aceptaría nuevamente acompañar a una mujer a comprar ropa, es una tortura total, ver como se prueban de todo y nada les gusta, preguntar precios, colores, tallas, marcas, y que nada les guste, realmente es imposible entender porque lo hacen. Tuve que negarme rotundamente, yo ya no vuelvo a pasar por esa calamidad.

Vanesa me ha dejado solo en el cuarto, una vez más se ha ido lanzándome insultos, maldiciendo el momento en que me llamo al celular para volvernos a ver, en el fondo me siento apenado en como la trato, si ella supiera que cada vez que le hago un desplante termino escribiéndolo, seguro que me odiaría más de lo que ya me odia hoy. Pienso que un día ella me abandonará para siempre, se cansara de mis rarezas y borrara mi número de su agenda, o simplemente encontrara a alguien mejor y me convertiré solamente en un mal recuerdo. Pienso todo eso y no me atrapa el más mínimo cargo de conciencia, hasta eso he llegado, en llenarme de indiferencia ante las estupideces que cometo con las mujeres. Debo reconocer que a veces soy el peor de los canallas.

Pero después del sexo, hay algo que ocupa toda mi atención, y eso es el futbol. Encuentro el canal de deportes, el partido está por empezar, este partido promete mucho, no siendo seguidor de ninguno de los dos equipos, bien vale la pena quedarse aquí en la cama, antes que vagar como un estúpido por el centro de la ciudad entre tanta ropa de mujer. A tres minutos de empezar el encuentro suena mi celular, es Vanesa diciéndome: “Es la última oportunidad que te doy para que elijas entre tu estúpido partido de futbol o yo”, me encanta como se oye su voz por el auricular, Vanesa tiene la voz muy sensual, muy femenina, pero en estas circunstancias son los ojos quienes mandan, cuando veía como salían los equipos al campo, el grito de la hinchada enardecida, la lluvia de papeles picados volando sobre el viento, mi respuesta fue más un grito de guerra de un hincha ansioso por manifestarse: “El futbol coño!!, elijo el futbol !!”.

Perdóname Vanesa por dejar que el futbol te gane la batalla, perdóname por ser un cavernícola que siempre te lleva de desaire en desaire, pero si me conociste tan imperfecto como canalla, no esperes que este sapo se convierta en príncipe, pues hay sapos que nunca aprenden.

domingo, 19 de diciembre de 2010

INTERNACIONAL NOCTURNO


Fue una historia corta, pero suficiente para sentir su final. Estaba triste, fatigado y tal vez hasta enfurecido, cuando un romance termina siempre deja sentimientos que se pelean entre sí, y es el más fuerte quien prevalece y se hace notar en nuestro rostro. Entro en un bar y pido una cerveza, el tipo del bar me pregunta porque estoy bebiendo solo, le respondí que había conocido a una mujer de otro país, nos hicimos amantes, pero que luego ella se tuvo que ir, y es aquella ausencia quien me tiene en la lona. El cantinero abre otra cerveza para él y apenas termina el primer sorbo me suelta aquella bendita frase: “Así que eres internacional”.

Amanece por fin y debo ir al trabajo, me encuentro con mi amiga Sandra que me pregunta porque tengo esa cara de desvelado, le conté que había bebido con un tipo para ahogar una pena de amor, me preguntó qué me pasa, que confié en ella y le diga el motivo de mi pena. Aquella mañana le confesé a secas (es decir, sin beber una gota de alcohol) que me sentía triste porque aquella chica de un país lejano me abandonó. Ella muy amorosa pone su mano sobre mi hombro y me dijo que los dolores pasan, que el tiempo se encargará de ello, sin embargo bajando la voz me pregunta si entre mi chica y yo hubo algo más que caricias, le confesé que si hubo mucho más que eso, que en cierto modo fuimos amantes. Entonces Sandra me pellizca el hombro y me dice sonriente: “Ah ya, ósea que ahora eres internacional”.

Es fin de mes y he tenido que ir al doctor por unos malestares que he sentido, mi cuerpo colapsó y tuve que atenderme en el matasanos preferido de mi madre. Después de minuciosos exámenes e incómodos métodos de revisión, el Dr. Lascano me ha encontrado regularmente bien, así que me dice que tal vez mis problemas sean psíquicos, me pregunta si hay algo que me aqueja en estas últimas semanas. Yo lo cuento mi historia, le hablo de la chica de un país lejano, de la pena de no tenerla, de lo poco que me motiva levantarme de mi cama. El médico muy experimentado en cosas de la salud, me receta unas vitaminas (que nunca compré), me sugiere unos ejercicios en la mañana (que nunca hice), y que deje el alcohol por un tiempo prudencial (cuando me dijo esto, me rehusé a pagar la consulta). Dicho todo esto me da un apretón de manos, como sellando un pacto de caballeros, para luego palmotearme la espalda y decirme: “Así que eres internacional eh… bien con eso”.

Han pasado las semanas y ya me siento mejor, he evitado contarles a las personas lo que me tocó vivir para no volver a oír esa bendita frase de ser el “internacional”, como si mis penas valieran poco para no fijarse en ellas. He salido con otras chicas, he tenido algunos viajes, con historias concluidas. La vida continua, me decía mi buen amigo “Lecherote”, mientras bebía una botella de ron a plena luz del día, en la banca del parque donde fui a visitarlo, “nadie ha muerto por amor, a menos que te acuestes con la mujer de un policía. Tenemos mucha vida por delante, algunas historias más por contar, tenemos nombres que quedaran en nuestra cama, cuerpos que con el tiempo se olvidaran, tenemos mentiras, verdades a medias, un testamento que quizás nadie reclamará. Así que no me jodas y levántate Lázaro, que la función debe continuar” decía con la mirada fija en su botella. Le compré unos cigarrillos antes de despedirme de aquel viejo gurú de la vida, quisiera tener su sabiduría, sus años vividos, su afición perfecta por los vicios que algún día terminaran por matarlo, pero que mas da, nadie es perfecto, mucho menos yo. Al mirarlo nuevamente antes de partir, “Lecherote” suelta una frase para terminar el encuentro: “Y ya deja de joder con ese rollo, que la internacional fue ella”.

domingo, 5 de diciembre de 2010

RECICLADOR NOCTURNO 4



Domingo a las seis de la tarde, la cita ya estaba hecha. Cuando las luces se encendían en la pequeña Lima, ella llegaba con su abrigo rosado y un jean azul que lucía muy cómoda, el pelo sujetado hacia atrás y una sonrisa que me pareció haber olvidado. La dulce Verónica aparecía en mi vida una vez más, después de muchos años de ausencia, debido a esos giros que toma el destino. Ahora ella luce un corazón roto, el alma en incertidumbre y pensando en un mañana sombrío que le cuesta cambiar. Fue un tierno abrazo el que selló nuestro encuentro, haciéndome sentir nuevamente humano.


Verónica es una mujer especial, de esas que te hace sentir bien tenerla cerca, debo reconocer que siempre me gustó, me hubiera encantado pedirle que sea mi chica, pero me hubiera encantado más que ella acepte ser mi chica, aquella duda de ser o no ser, fue lo que impidió mostrarle mis sentimientos. Nunca le ofrecí nada ni le demostré lo mucho que me agradaba salir con ella. Solo quise ser su compañero, su acompañante, el cómplice de esos paseos nocturnos, de las charlas tan entretenidas que adornaban nuestros encuentros. Con el tiempo ella se consiguió un novio, entregándole su tiempo y atención, entonces dejamos de vernos, hasta el día de hoy, que ya no tiene pareja.


Ahora ella luce triste, solitaria, aislada en su pequeño mundo, quemando sus recuerdos en esa hoguera que es creada por el rencor y la desdicha. Pero mientras me abrazaba pude reconocer a aquella muchacha dulce que iluminaba mis noches, en esas épocas en que mi vida solo era un ramillete de excesos y desvaríos. Ambos tenemos el cuerpo con piloto automático, existiendo por existir, esperando los buenos momentos que la vida algún día nos regalara. Porque todo es cíclico, las lágrimas de hoy son las sonrisas del ayer, la oscuridad de la luna siempre termina con los rayos del sol, son teorías inquebrantables del vivir.


La ciudad de Lima nos cobijo una vez más, las luces de los faroles mostraron interés en nuestras conversaciones, el viento reconoció nuestras carcajadas, dejamos de ser dos perfectos desconocidos ante la quietud de la noche. Como era de esperarse, ella había madurado más que yo, lo supe al instante cuando me preguntó lo que siempre temo responder: “Que esperas de la vida dentro de un par de años?” y yo le dije: “Quisiera irme a Buenos Aires y terminar de escribir el libro que siempre quise empezar”. Casi fue al instante en que sentí un golpe en la nuca, un golpe suave, ligero, de esos que te despiertan de un sueño: “Cuando aprenderás niño, sigues viviendo en tu burbuja”. Es verdad, yo no espero mucho de la vida, quizás porque presiento que la vida nunca esperó nada de mí, solo andamos de paso, con reír, sufrir, beber y amar pienso que cumplimos nuestra misión en este mundo. Al estar con Verónica pude notar mas detalles míos que antes había dejado pasar, sigo armando mi rompecabezas, descubriendo mi respuesta del porque no puedo aferrarme a nada ni a nadie. No ha sido mala idea rebuscar entre las mujeres de mi pasado lo triste, melancólico y tétrico que puede ser mi presente y futuro.


Ya pasada la medianoche despedí a Verónica con un beso, deseando volver a verla de nuevo, es la primera vez que deseo volver a ver a una chica desde que comencé esta travesía, supongo que es un buen cambio. La vida es una caja de sorpresas, un viaje en tren donde no importa viajar en primera clase o de polizonte, lo importante es disfrutar el camino, aunque a veces no sepamos a donde nos lleve. Vamos perdiendo nuestros pudores, nuestra orgullo, hasta nuestro autoestima, pero nunca debemos perder las ganas de viajar. No te bajes del vagón... que aun queda mucho por conocer.

domingo, 28 de noviembre de 2010

EL CIELO ESTA LLENO


Son las diez de la mañana y suena mi celular, es Olga que me dice si tengo tiempo esta noche para salir con sus amigas, todavía somnoliento tardo un poco para entender la propuesta. Estar con las amigas de Olga es no dormir toda la noche, no porque sean unas ninfomaníacas (aunque probablemente lo sean), sino porque su sentido de la diversión es embriagarse hasta perder la cordura y luego soltar tantas obscenidades que hasta el presidiario mas peligroso pueda sonrojarse. Yo ya no puedo exigirme de esa manera, alguna vez lo hice y los médicos me dijeron que tengo que estar loco para volver a ese ritmo de vida, por eso aunque me duela decirlo, rechace la propuesta de Olga.

Ella no me dejo ni terminar mis razones, “Acaso te volviste cura?, si tu fuiste quien me inicio en este mundo de desenfreno, y ahora me dices que es mejor dormir temprano y escuchar misa, no me jodas. Te quieres ir al cielo? Si fuiste tú quien me dijo que el cielo estaba lleno, que portarse mal no era buen negocio”. Como olvidarlo, si fue hace unos años, que reté a mi querida amiga si podía embriagar y llevar a la cama al pequeño Sergio, que apenas había cumplido dieciocho, como regalo de cumpleaños. Desde aquel día, mi amiga se volvió una devoradora de hombres. Pero aunque quisiera, ya no puedo seguir así, mi propio cuerpo me castigaría si no lo cuido. “Ya me harte de eso, solo quiero dormir y ponerme a escribir en mis ratos libres. Anda búscate otro loco” le dije antes de colgar.

Al cabo de la siguiente media hora he intentado seguir durmiendo, pero no lo logro. Sigo pensando en la propuesta de Olga, en sus amigas y en lo jodido que puede ser mi existencia si no encuentro historias que contar, era evidente que estando en mi cama durmiendo no iba a encontrar nada interesante, Llamo a mi amiga y le digo donde será el encuentro. Son casi las seis de la tarde y entro al bar “Venecia” donde esta Olga junto con tres amigas y varios tipos que recién conoceré. Todos me preguntan como me llamo, yo doy mi nombre falso, mi edad verdadera y mi empleo ficticio. Hemos bebido por más de tres horas y terminamos en casa de Jorge, el jefe de Olga, compartiendo un Vodka y algo de música cubana. Hubo griteríos, bailes sensuales, sexo desenfrenado y ropa tirada por toda la casa.

Entre el humo de los cigarros, las copas rotas regadas en el piso, los discos de salsa y las fotos de la mujer y los hijos de Jorge, que probablemente están de viaje, en cada pared, pude toparme con mi pasado. Cuantas veces he visto la misma escena en mi vida, solo eran los personajes los que cambiaban, las camas siempre son iguales en todos lados, las mentiras cada vez distintas, pero todo termina en lo mismo: sabanas frías que abrigan el cuerpo de una mujer ajena. Me pongo la ropa mientras Olga me observa detrás de la puerta donde Jorge luce exhausto y dormido, me despido con la mirada, dudando si nos volveremos a encontrar. No se si el cielo sea mi lugar, dudo mucho que la personas como yo tengan un buen final, esta noche solo quiero refugiarme en mis palabras, contando una historia que termine tan vacía, como el alma que un día perdí. No puedo escapar de esta maldición de ser un lobo, un lobito feroz que no quiere descansar… ni ser perdonado.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LA FEMME NIKITA

La noticia estallo como una luz de bengala, lanzando sus brillos hacia todos lados, el viejo Nicanor, dueño de la tienda más angurrienta de la cuadra, había fallecido. Como ocurre siempre en estos casos, todos preguntábamos como había muerto, pero mis hermanas no me daban razón, guardaban recato y hasta decencia para no contarme nada. Lo tuve que averiguar en la calle, pues la noticia era vox populi en cada cuadra. “El viejo Nicanor murió teniendo sexo con Roxana”.

Morir teniendo sexo siempre ha estado entre mis muertes favoritas, sentir el ultimo placer junto al último suspiro es lo que en mi calle llamamos “morir en nuestra ley”, respetando nuestra idiosincrasia de buen macho. El viejo Nicanor ya bordeaba los sesenta años y la pequeña Roxana a quien desde ese día todos los chicos llamaban “Nikita la asesina”, apenas tenía veinte años pero con una larga trayectoria que bien podría espantar a un principiante. Aquella noche “Nikita” salió asustada y en silencio de la casa de Nicanor, dejando la puerta abierta, fue por eso que la gente entro a revisar, pensando que alguien había entrado a robar. Para la sorpresa de las vecinas cucufatas, vieron al occiso postrado en su cama, sin vida y sin pantalones, con esto el viejo Nicanor cumplió uno de sus mas grandes anhelos, marcharse a gusto enseñándoles los genitales a aquellas viejas prehistóricas que siempre criticaban su gusto por las mujeres menores que él.

Pasaron los días y todos hablaban de este suceso, nunca pudieron llevarse presa a Roxanita, los viejos de la cuadra coincidían en que “nadie debería ir a la cárcel por abrir las piernas, eso no es un crimen ni aquí ni en la China”, a cambio de ese susto, la mujer se gano el respeto y hasta un poco de temor de la gente, se tejieron muchas leyendas urbanas respecto a eso, desde que la chica era una loca insaciable hasta decir que en aquella casa habitaba el diablo. Algunas semanas después, ebrio y desorientado, yo andaba de bar en bar con mis amigos, fue cuando me la encontré cerca al baño de hombres, le sonreí y me preguntó si la conocía, “Claro que si, tu eres Nikita la asesina” le dije muy valiente (obviamente porque estaba ebrio), ella solo sonrió, era sorprendente que alguien de veinte años no se sienta cohibida por alguien mayor como yo, eso me gustó mucho. La invite a mi grupo, tomamos varias copas y nos contó lo que sucedió aquella noche. Supongo que las historias van cambiando un poco cada vez que las cuentas, aun si las cuenta la misma protagonista. De todos modos fue grato conocer a la testigo que, a mi parecer, ha presenciado una de las muertes mas lindas que existe.

La noche terminaba y el bar estaba por cerrar, la acompañe a tomar un taxi mientras me daba su número telefónico, no le pedí que se vaya al hotel conmigo, no sé si hubiera aceptado, pero no podía dejarla ir sin antes hacerle la última pregunta: “Dime la verdad, mientras se moría el viejo, pudiste ver una ligera sonrisa en su rostro?”, ella soltó una risa, me acarició el vientre un poco (como si fuese un pequeño buda de la época) y mientras se mordía los labios me dijo: “no puedo asegurarte si fue una sonrisa, solo puedo decirte que lo disfrutó”. Me dejo frio, sin habla ni reacción, apenas pude levantar la voz mientras cerraba la puerta del taxi y desaparecía en la autopista… “Te juro que te llamaré cuando cumpla sesenta años!!”.

domingo, 31 de octubre de 2010

RECICLADOR NOCTURNO III


No tardé mucho en encontrar los papeles con su nombre, ella nunca desapareció, solo quiso apartarse de mi vida, sin ir muy lejos, sin estar muy cerca, solo apartarse. Yo respeté su decisión, aunque una vez por semana la extrañaba, sobre todo de noche, cuando la luna me decía que sobre mi cama no quedaban ni migajas.

Se llamaba Yessica, cuando la conocí ella tenía novio, pero conmigo perdió los estribos, le llamo la atención mi simpleza, la forma como digo las cosas y la velocidad a la que vivía. Fuimos amantes, ella pensó que yo siempre estaría dispuesto cuando ella lo pedía, porque mi amor era muy grande, que no me importaba lo demás. Ella creía que ser la mejor de mis prioridades, hasta que una noche le demostré lo contrario. Cuando descubrió que tenía otra amante. Alguna vez me dijo que había pensado dejar a su novio por mí, porque empezaba a sentir cosas diferentes, porque yo le mostraba nuevos mundos. Pero todo se desvaneció y nunca más me buscó, de alguna manera siento que yo lo arruiné.

Tres años después volví a aparecer en su vida, la esperé frente a su trabajo, donde ahora es supervisora de ventas (antes ganaba el doble de lo que ganaba yo, ahora ni me lo quiero imaginar), se sorprendió al mirarme tan distinto, aceptó caminar conmigo mientras me contaba su vida. Nuestros caminos se habían distanciado mucho, nos sentimos distintos, hasta que le invite unos tragos, entre risas y medianoches empezamos a reconocernos, a escarbar entre los restos de lo que fuimos. Luego de tres salidas terminamos en un hotel que lo pago ella, me pareció buen momento para preguntarle porque no se quedo conmigo. Me dijo puso las cosas en una balanza, que alguien que vive tan de prisa como yo, generalmente nunca se queda en un solo lugar, que iba a salir huyendo en algún momento, porque le tenía miedo a los compromisos, que único cierto sobre mí, era que un cobarde para las relaciones serias. Por eso prefirió a su novio que tenía un trabajo estable y un pensamiento más acorde a los hombres de su edad. Lo entendí y lo acepte, a veces uno no puede vencer su naturaleza, somos lo que nos toco ser.

Solo nos vimos un par de veces más, porque descubrió en mi celular que no era la única con quien me seguía acostando. Las mujeres tienen cierta filosofía sobre sus amantes, aunque sea deshonesto no permiten que exista alguien más que ellas, les gusta compartirse pero no ser ellas quienes compartan. Se fue de la habitación lanzándome insultos, maldiciendo el día en que la busqué, pidiéndome que nunca más me cruce en su camino, pero su cuerpo fogoso e insaciable me había dicho lo contrario veinte minutos antes, ya el tiempo decidirá lo que pasara después.

Llego a mi habitación a revisar aquella caja vieja con los números telefónicos y nombres perdidos, sin embargo miro frente a mi ventana un lugar donde antes habité y no he logrado volver. Desde mi balcón puedo observar aquella casa que está a dos calles de la mía, donde alguna vez fui feliz, quizás nunca fui tan feliz como lo fui con ella. Pero esa es una historia a la que me da miedo regresar, ni con todas las agallas del mundo puedo mirar a los ojos a esa mujer que pudo cambiar mi vida. No, no puedo hacerlo, regreso mis ojos sobre mi caja vieja y me pregunto, de cuantos nombres esta hecho mi pasado.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

S.O.S. LOBITO EN APUROS


Hoy me desperté temprano, quise ducharme y empezar el día fresco y con ganas de hacer algo, quizás salir con mi sobrino a comprar libros, tal vez llamar a Vanesa que acaba de llegar de viaje con su novio, o solamente invitar a Adela a ver una película. Estaba de lo más tranquilo frente al espejo, cuando empiezo a ver un ligero brillo que empañaba mi vista, ese brillo salía sobre mi cabeza, exactamente donde terminaba mi frente. Mi única reacción fue soltar el peine y pegar un grito: “Carajo, me estoy quedando pelón!!”.

Lo podría decir de muchas formas, “Se me está desmoronando el techo”, “Se me descose el gorro”, “Se me cae la calamina”, “se me está descolorando el casco”, la única verdad es que lo único realmente aceptable que tenia, era el cabello, tan fino y moldeable al viento, ahora puedo ver cómo me abandona uno a uno. No supe que hacer, llamé al 911 pero me dijeron que ellos no cubrían esas emergencias, llame a los bomberos y me dijeron que aunque vayan en sus hermosos camioncitos rojos a regarme la cabeza con sus mangueras estrambóticas, mi calvicie era inminente, no podía evitar esa catástrofe (y me lo decía el jefe de bomberos, un tipo de sesenta años y probablemente infinitamente calvo). No quiero ir a un doctor, he jurado no volver a ver un matasanos voluntariamente, la última vez que fui me prohibieron el alcohol y las trasnochadas, ya no estoy para malas noticias, solo en camillas me volverán a llevar. Se me ocurre llamar a Emma, una amiga lindísima, que aunque es mucho menor que yo, sabe cosas que siempre me sorprenden. Ella me dice que pruebe comiendo camote, mucho camote, apenas cuelgo voy al mercado a comprarme cinco kilos para toda la semana, mientras regresaba a mi casa llamo a Adela y le pregunto si me va a querer igual si un día la voy a buscar y se da cuenta que estoy calvito, ella muy amorosamente me dice que sí, que siempre me va a querer, pero que si estoy calvo, mejor nos quedamos en casa a ver un video, o a cocinar un arroz chaufa que tan bien lo prepara y nos volveríamos mas hogareños. Pude entender su indirecta, a pesar de todo la entiendo, debe ser muy vergonzoso salir con alguien menor que tu y encima de eso, que siendo menor, sea tambien calvo, eso sería imperdonable.

Han pasado dos semanas y no logro ver progresos, la señora del mercado me ha dado de todos los tipos de camote que vende en su quiosco, el señor Eduardo (el jefe de bomberos) me ha llamado a preguntarme como me siento, me pide que lo llame apenas tenga buenas noticias. Muy impaciente he llamado a Emma para reclamarle que su receta es una m…da, que no me ha servido para nada, que voy a pasarle la factura de tanto camote que compre. Ella muy suelta de huesos y algo divertida me confiesa: “Que raro, a mi perro si le funcionó”, es lo malo de confiar en una niña de diecisiete años.

Vuelvo al lugar donde todo empezó, frente al espejo, preguntándome que será de mi cuando me quede completamente calvo, el viento ya no podrá revolver mi melena, ahora solo chocara con mi frente y quizás me provoque un resfriado (si antes me resfriaba cuarenta veces al año, ahora de duplicara la dosis), que voy a hacer ahora? Sera que la vejez se está asomando para no marcharse jamás?, pero si apenas coqueteo con la base tres. Me preguntaba porque si me tardo tanto en crecer vellos en el pecho, ahora se la cobran dejándome la cabeza pelada, malditos sean. Sin embargo, entre tanto lamento, pude ver la silueta de un ángel detrás del espejo, era mi madre que me miraba extrañada como sobaba mi frente de una manera desesperada. “Y a ti que te pasa?” me pregunta, “Creo que me estoy quedando calvo, debe ser el estrés” le digo ya casi resignado, “Cual estrés huevón, si te la pasas durmiendo y comiendo todo el santo día, ven para acá que te voy a preparar algo que te hará bien” me dijo mientras me llevaba a la cocina.

Entonces me sometí a los remedios caseros, a la receta de las abuelas, al secreto profesional de sus antepasados, eso que uno no puede revelar solo hasta el día que va a partir al otro mundo. Mientras tanto, deseando que esto solo sea un susto, esperando que mi vida vuelva a ser la de antes, me pongo a buscar mis fotos de niño, buscando alguna imagen de cómo quiero ser recordado, encuentro una junto a Batman y digo: “Pelada mis rodillas, esta batalla la gano yo”.