viernes, 26 de junio de 2009

EL ULTIMO EN ENTERARSE


Cuando cae la noche, Néstor sale del hotel luego de estar con una chica linda pero ajena, enciende un cigarrillo y suspira profundamente, se cree un don Juan, un amante desalmado, como muchas veces nos hemos creído nosotros después de estar con una chica. Lo que Néstor no sabe es que la chica que se quedo en la habitación de hotel esta enojada con él, porque desde hace varias semanas que no le ha hecho sentir un orgasmo, y esta pensando seriamente en dejarlo, conseguirse alguien mucho menor a ver si tiene mejor suerte. Néstor sonríe a su paso, muestra pedazos de egocentrismo, antes de dar la vuelta a la calle, mira hacia la ventana del hotel, donde esta ella, maldiciéndolo por haberse convertido en un pésimo amante y prometiendo que será la ultima vez que se da un revolcón en él.

Siendo la medianoche, Néstor esta en un bar con sus amigos, oyendo música en alto volumen, conversando a gritos para ser oído, contando sus aventuras con distintas mujeres, que no son tantas, pues todos sabemos que los hombres tienden a exagerar cuando están en tragos. Lo que Néstor no sabe es que dos de sus amigos se ríen a escondidas de él, porque se han acostado con su novia mientras andaba ebrio en reuniones como esa. Él no sospecha de los cuernos que lo adornan mientras se jacta de ser el amante perfecto, de tener varias mujeres y no ser atrapado nunca. Se siente el mejor de todos,

Llega el fin de semana y Néstor esta ebrio sentado en la mesa de un bar, lo encuentro pensativo y preocupado, me siento con el y pido dos tragos mas. Me comenta que últimamente ha sentido que todos se ríen de él a escondidas, que sus amantes no contestan sus llamadas y que su novia ya no la visita como antes. Le digo que no debe preocuparse por lo que digan los demás, que se consiga otras amantes y otros amigos que valgan la pena, le aconsejo que si su novia no la visita, que él vaya a visitarla de vez en cuando, porque a las mujeres les gusta eso. Me agradeció el gesto y salio del bar como rejuvenecido y reformado, lo vi irse muy contento y confiado. Entonces pude calmar mi conciencia, pude sentirme perdonado, libre de toda culpa, limpio de pecado, pues yo también me había acostado con su novia hace dos semanas.