sábado, 29 de enero de 2011

VUELTAS DE CAMPANA

Recuerdo cuando tenía diecinueve años, estaba preparándome para dar mi examen de admisión a una escuela técnica, obligado por mis padres he pasado dos meses enteros estudiando como un desquiciado, aunque sea difícil de creer, me sabía casi todos los temas, eran libros enteros los que releía con mucho ahincó. Ese fin de semana tuve una gran recompensa, pues en pleno examen dos tipos bien vestidos me pidieron el favor de soplarle algunas respuestas, eran unos tipos algo mayores y de aspecto solvente, me pase la hora pasándole las soluciones sin que los supervisores me pillen, solamente por la gran sensación de sentirme solidario.

Luego de terminar mi examen, aquellos chicos me invitaron el almuerzo y también unas bebidas, prometiéndome que si ingresaban a dicha escuela me iban a premiar de manera generosa. Aquella tarde cuando fui a ver las notas finales, pude ver mi nombre en el primer lugar (me han dicho que no soy un chico tonto, sino solo distraído), para mi buena suerte, aquellos tipos también habían ingresado, así que la celebración no se hizo esperar. Llamaron a unas amigas del trabajo y tomamos un taxi hacia un bar conocido del centro de Lima. Luego de embriagarnos con las féminas uno de ellos nos invito a su casa, donde seguimos la juerga hasta caer rendidos o hasta terminar cogiéndonos a alguna chica y pasar la fiesta en un hotel, lo que inevitablemente ocurrió conmigo.

Ella se llamaba Isabel, era tres años mayor, pero nunca se lo hice notar, todo corría a mi favor mientras hacia el papel de chico educado, bien formado, estudioso y con metas por delante. Por alguna razón a las mujeres les fascinan los tipos así, como si en cada fiesta esperan encontrar al amor de su vida. Acaso de vez en cuando no les hace bien cogerse a un hombre sin vocación? Sin ganas de ver el futuro ni planes de hacerse viejo con una buena jubilación?. Yo jamás he llegado a un lugar esperando encontrar a la mujer más buena del mundo, incluso debo confesar que las mujeres buenas me aburren, detesto hablar del futuro y de la vida de los demás. Quizás llevo el rumbo equivocado, pero hasta hoy no he aprendido nuevas rutas.

Los años pasaron y yo dejé aquella escuela sin terminar la carrera, no era lo que yo buscaba. Me pelee con mis padres y no pude despedirme de mis amigos, solo salí huyendo sin permiso para no regresar. He querido buscar mi destino en el presente, intentando encontrar ideas coherentes que me ayuden a seguir, pero a veces no tener un patrón definido te enseña a vivir. No siempre te haces un experto haciendo siempre lo correcto, en los errores también puedes hallar pequeñas dosis de sabiduría. Dicen que aquel que no ha caído, nunca sabrá como levantarse. Hoy siento que mi vida ha sido una constante vuelta de campana.

sábado, 22 de enero de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS A MI


Es la semana de mi cumpleaños y he recibido muchos saludos, tarjetas postales, comentarios en el facebook, buenos deseos, invitaciones a comer y beber, no me puedo quejar, ha sido una gran semana, pero esta aun no terminaba.

Los amigos me buscaban para irnos a beber, mi celular ha sonado toda la semana con distintas propuestas, he ido a trabajar varios días con tan solo tres horas de haber dormido, me cite con una ex amante en un centro comercial donde me invito a cenar y se alegro de verme después de mucho tiempo, no nos acostamos aquella noche, pero acordamos hacer un segundo encuentro, con las consecuencias que eso podría tener. Pero lo mejor aun estaba por venir.

Mi amigo James me llama al celular, también mi amigo Luis. Nos encontramos los tres en el bar La Calera de Los Olivos, pedimos unas cervezas y empezamos la charla. James me confiesa que acaba de abrir un negocio propio, un burdel a quince cuadras de su casa, nadie de su familia sabe que el burdel es suyo, y el desea que ese secreto permanezca oculto. Hacemos un brindis por la nueva empresa de aquel camarada que siempre tuvo suerte con las mujeres, este paso se veía venir, no esperaba menos de él. Pero no todo queda ahí, James mete dos paquetes de preservativos en mi bolsillo y me dice que por ser mi cumpleaños, esa noche se ofrece a llevarme a su burdel y ser el gran anfitrión que nunca olvidaré. No lo pensé mucho, salimos del bar y tomamos un taxi rumbo hacia aquel lugar que dice es lo mas parecido al paraíso.

Al llegar pudimos ver un camión de patrulla en la puerta, Luis y yo pensamos que ya le cayo la mancada, que no tardaría mucho en llegar los canales de televisión y en la celebración de cumpleaños iba a aparecer en algún noticiero nocturno, mi madre iba a verme rodeado de putas y policías en su televisor, pensé lo peor. Pero todo fue solo un susto, mi amigo James decía que aquel oficial era un buen cliente, que venia cada semana para gozar de ciertos beneficios a cambio de “cuidar la zona”. El lugar era muy cómodo, amplio y acogedor, mujeres hermosas, buena música, una piscina cerca de la barra, una pista para el baile, un bar donde abundan los tragos exóticos, mi sueño ideal era combinar todo eso en una sola noche.

Amanecía y yo aun tengo aquella imagen guardara en mi mente, tanto alcohol, tantas mujeres, la música a todo volumen y las risas que llegaban de todos lados. James prometió celebrar su cumpleaños en aquel lugar, ya tenia el plan hecho, seria a puertas cerradas, solo los amigos mas íntimos (yo estaba en esa lista), cerveza y whisky sobre la mesa, todas las mujeres que pueda reclutar para ese día a disposición, y que todos los invitados estarían vestidos con sabanas como si fuese una fiesta romana. No ve la hora en que llegue ese día de la primera semana de marzo.

El sol retumbaba el vidrio de las ventanas, estoy en el bus de regreso a mi casa, llevo unas ojeras y olor a perfume barato, dos condones en el bolsillo y una sonrisa que estoy seguro me debe durar un buen tiempo, quizás hasta el cumpleaños de mi querido anfitrión.

domingo, 9 de enero de 2011

FRUSTRACIONES


Me gusta el futbol, no solo jugarlo, sino también verlo y comentarlo. Desde niño lo he practicado, he roto muchos zapatos y destrozado muchos vidrios, las ventanas de mis vecinos supieron de mí. Mi padre me metió en una academia donde podía jugar torneos nacionales e internacionales, yo no era un gran futbolista, pero si cumplidor. Nos llego la noticia que empezarían las giras, íbamos a participar en un torneo de Chile, Luego viajaríamos a Brasil y después a Ecuador para competir, pero tres semanas antes me lesione la pierna, fue una rotura de ligamentos que me impidió caminar por un buen tiempo, me alejo del juego, de la vida social e inevitablemente me alejo de viajar en la gira con mi equipo.

Desde aquel día deje el futbol como deporte principal, para volverlo un pasatiempo. A veces me hubiera gustado ser una estrella, no era bueno, pero era el sueño de todo chico de mi edad. Ahora debo reconocer que soy un futbolista frustrado.

Una noche conocí a Laura de Luna, una hermosa chica que tocaba en un pequeño bar del centro de Lima, nos hicimos amigos a pesar de no tener casi nada en común, quizás solo la afición por la música de Joaquín Sabina. Aparte de su belleza, yo admiraba su manera de tocar la guitarra, la pasión al recitar sus canciones. Un día la hermosa Laura se ofrece hacer una canción partiendo de un escrito mío y quizás cantarla juntos, yo le prometí que para el próximo fin de semana le tendría listo un texto muy bueno, estaba ilusionado, animado, creo que sobreexcitado, siempre quise ser un cantautor, hacerme conocido por mi talento para las letras.

Pero fue muy trágico estrellarme con mi realidad, yo no tengo ningún talento para las letras, han pasado cuatro meses y no he podido escribir una sola estrofa. Cada cosa que escribía terminaba en la basura, no se si fui muy exigente conmigo mismo o tal vez solo soy malo para estos menesteres. He sabido asimilar la cruel verdad, que soy un cantautor frustrado.

Mientras escribía cosas sin sentido en un blog desconocido, encontré una lectora mexicana que se digno a hacerme caso. Me dijo que se había enamorado de mí, que haría lo posible para llevarme a su país, casarse conmigo, tramitar los papeles para que yo pudiera tener la ciudadanía y ser felices por toda la eternidad.

Pero pronto entendí que la eternidad no dura más de siete meses. Aquella muchacha entendió que conmigo no había futuro (mucho trabajo para entender a alguien como yo), que existen mejores tipos, sin la enorme necesidad de traerlos desde tan lejos. Me regalo una visa, me dio un beso de despedida y prometió no olvidarme jamás. Aparte de entender que el “jamás” en las mujeres dura menos de tres meses, también pude aceptar la enorme realidad de que ya no seré un ciudadano charro, que no podre hablar con ese acento tan melodioso que me gustaba un chingo. Ni modo, he pasado a ser también un mexicano frustrado.

Tiempo después pude viajar a México, donde me di la gran vida sin el menor limite. Entre los banquetes de comida, los conciertos, los museos de arte y los bares nocturnos, conocí a una mujer de Oaxaca, con algunos años mayor que yo. Nos embriagamos en la Plaza Garibaldi y dormimos juntos en su hotel. A la mañana siguiente me pidió que me vaya con ella a su ciudad por dos semanas, donde tenía un rancho muy grande, yo iba a ser su huésped. “Y por las noches serás mi chingon (amante)” me decía en tono cariñoso. Por las noches ella se escabulliría en mi habitación mientras todos duermen, todos, incluso su marido.

Pero las fechas no coincidían, cuando la conocí mi boleto de regreso se vencía en dos días, además, yo no estaba en condición de arriesgar el pellejo de esa manera. Tuve que desechar la oferta de aquella mujer que pudo haberse convertido en la última, la que dibuje una disculpa en mi epitafio. Aceptando mi triste destino, el de ser un chingador frustrado.

Mientras tanto la vida transcurre, el tiempo nunca tiene remordimientos, solo apura el reloj y sigue su paso. Me he llenado de frustraciones de lo que quise ser, pero nunca me dio el menor remordimiento, porque cada frustración llevaba una experiencia, una vivencia siempre te deja un aprendizaje. Y es lo que yo soy, un conjunto de vivencias, buenas o malas, que me han convertido en un contador de historias (un contador mediocre, pero ese no es el punto), que anda por el mundo aprendiendo a vivir. Si señores.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL FÚTBOL COÑO !!

Me encuentro con Vanesa después de andar peleados durante dos meses, como siempre, todo ha sido mi culpa, no debí abandonarla en el hotel mientras quería contarme sus problemas, es que no comprendo porque, si no se cómo resolver mis propios problemas, puedo perder el tiempo escuchando problemas ajenos. Vanesa me mando al demonio y no tuve mejor decisión que abandonar la habitación, mientras ella soltaba insultos a su regalado gusto.

Pero hace días que me ha llamado, me dice que necesita verme, que solo yo puedo entenderla, me pide encontrarnos en el mismo hotel donde peleamos la última vez. A mí me gusta ese hotel, porque el dueño nos da una de sus mejores habitaciones, alegando que somos sus clientes favoritos, yo sospecho que ese viejo verde quiere ligarse a Vanesa, pero no se lo digo porque eso implicaría que ella escoja otro hotel y no obtendríamos los mismos privilegios. Así que guardo silencio por conveniencia.

Compramos unas cervezas y ponemos el MTV en el televisor, subimos el volumen para que nadie escuche nuestros ruidos, hacer el amor con aquella mujer siempre es grato, pareciera que cada vez es alguien distinta, nos reinventamos en la cama, pero después de los orgasmos seguimos siendo los mismos miserables que han llegado a aquel lugar solamente en busca de placer en compañia. Después de tres colisiones carnales, yo tomo el control remoto y busco el canal de deportes, aquella tarde se estaba jugando la final del torneo nacional, Vanesa me recrimina, me pide que me vista y la acompañe a las tiendas del centro a comprarse algo de ropa. Yo ni loco aceptaría nuevamente acompañar a una mujer a comprar ropa, es una tortura total, ver como se prueban de todo y nada les gusta, preguntar precios, colores, tallas, marcas, y que nada les guste, realmente es imposible entender porque lo hacen. Tuve que negarme rotundamente, yo ya no vuelvo a pasar por esa calamidad.

Vanesa me ha dejado solo en el cuarto, una vez más se ha ido lanzándome insultos, maldiciendo el momento en que me llamo al celular para volvernos a ver, en el fondo me siento apenado en como la trato, si ella supiera que cada vez que le hago un desplante termino escribiéndolo, seguro que me odiaría más de lo que ya me odia hoy. Pienso que un día ella me abandonará para siempre, se cansara de mis rarezas y borrara mi número de su agenda, o simplemente encontrara a alguien mejor y me convertiré solamente en un mal recuerdo. Pienso todo eso y no me atrapa el más mínimo cargo de conciencia, hasta eso he llegado, en llenarme de indiferencia ante las estupideces que cometo con las mujeres. Debo reconocer que a veces soy el peor de los canallas.

Pero después del sexo, hay algo que ocupa toda mi atención, y eso es el futbol. Encuentro el canal de deportes, el partido está por empezar, este partido promete mucho, no siendo seguidor de ninguno de los dos equipos, bien vale la pena quedarse aquí en la cama, antes que vagar como un estúpido por el centro de la ciudad entre tanta ropa de mujer. A tres minutos de empezar el encuentro suena mi celular, es Vanesa diciéndome: “Es la última oportunidad que te doy para que elijas entre tu estúpido partido de futbol o yo”, me encanta como se oye su voz por el auricular, Vanesa tiene la voz muy sensual, muy femenina, pero en estas circunstancias son los ojos quienes mandan, cuando veía como salían los equipos al campo, el grito de la hinchada enardecida, la lluvia de papeles picados volando sobre el viento, mi respuesta fue más un grito de guerra de un hincha ansioso por manifestarse: “El futbol coño!!, elijo el futbol !!”.

Perdóname Vanesa por dejar que el futbol te gane la batalla, perdóname por ser un cavernícola que siempre te lleva de desaire en desaire, pero si me conociste tan imperfecto como canalla, no esperes que este sapo se convierta en príncipe, pues hay sapos que nunca aprenden.

domingo, 19 de diciembre de 2010

INTERNACIONAL NOCTURNO


Fue una historia corta, pero suficiente para sentir su final. Estaba triste, fatigado y tal vez hasta enfurecido, cuando un romance termina siempre deja sentimientos que se pelean entre sí, y es el más fuerte quien prevalece y se hace notar en nuestro rostro. Entro en un bar y pido una cerveza, el tipo del bar me pregunta porque estoy bebiendo solo, le respondí que había conocido a una mujer de otro país, nos hicimos amantes, pero que luego ella se tuvo que ir, y es aquella ausencia quien me tiene en la lona. El cantinero abre otra cerveza para él y apenas termina el primer sorbo me suelta aquella bendita frase: “Así que eres internacional”.

Amanece por fin y debo ir al trabajo, me encuentro con mi amiga Sandra que me pregunta porque tengo esa cara de desvelado, le conté que había bebido con un tipo para ahogar una pena de amor, me preguntó qué me pasa, que confié en ella y le diga el motivo de mi pena. Aquella mañana le confesé a secas (es decir, sin beber una gota de alcohol) que me sentía triste porque aquella chica de un país lejano me abandonó. Ella muy amorosa pone su mano sobre mi hombro y me dijo que los dolores pasan, que el tiempo se encargará de ello, sin embargo bajando la voz me pregunta si entre mi chica y yo hubo algo más que caricias, le confesé que si hubo mucho más que eso, que en cierto modo fuimos amantes. Entonces Sandra me pellizca el hombro y me dice sonriente: “Ah ya, ósea que ahora eres internacional”.

Es fin de mes y he tenido que ir al doctor por unos malestares que he sentido, mi cuerpo colapsó y tuve que atenderme en el matasanos preferido de mi madre. Después de minuciosos exámenes e incómodos métodos de revisión, el Dr. Lascano me ha encontrado regularmente bien, así que me dice que tal vez mis problemas sean psíquicos, me pregunta si hay algo que me aqueja en estas últimas semanas. Yo lo cuento mi historia, le hablo de la chica de un país lejano, de la pena de no tenerla, de lo poco que me motiva levantarme de mi cama. El médico muy experimentado en cosas de la salud, me receta unas vitaminas (que nunca compré), me sugiere unos ejercicios en la mañana (que nunca hice), y que deje el alcohol por un tiempo prudencial (cuando me dijo esto, me rehusé a pagar la consulta). Dicho todo esto me da un apretón de manos, como sellando un pacto de caballeros, para luego palmotearme la espalda y decirme: “Así que eres internacional eh… bien con eso”.

Han pasado las semanas y ya me siento mejor, he evitado contarles a las personas lo que me tocó vivir para no volver a oír esa bendita frase de ser el “internacional”, como si mis penas valieran poco para no fijarse en ellas. He salido con otras chicas, he tenido algunos viajes, con historias concluidas. La vida continua, me decía mi buen amigo “Lecherote”, mientras bebía una botella de ron a plena luz del día, en la banca del parque donde fui a visitarlo, “nadie ha muerto por amor, a menos que te acuestes con la mujer de un policía. Tenemos mucha vida por delante, algunas historias más por contar, tenemos nombres que quedaran en nuestra cama, cuerpos que con el tiempo se olvidaran, tenemos mentiras, verdades a medias, un testamento que quizás nadie reclamará. Así que no me jodas y levántate Lázaro, que la función debe continuar” decía con la mirada fija en su botella. Le compré unos cigarrillos antes de despedirme de aquel viejo gurú de la vida, quisiera tener su sabiduría, sus años vividos, su afición perfecta por los vicios que algún día terminaran por matarlo, pero que mas da, nadie es perfecto, mucho menos yo. Al mirarlo nuevamente antes de partir, “Lecherote” suelta una frase para terminar el encuentro: “Y ya deja de joder con ese rollo, que la internacional fue ella”.

domingo, 5 de diciembre de 2010

RECICLADOR NOCTURNO 4



Domingo a las seis de la tarde, la cita ya estaba hecha. Cuando las luces se encendían en la pequeña Lima, ella llegaba con su abrigo rosado y un jean azul que lucía muy cómoda, el pelo sujetado hacia atrás y una sonrisa que me pareció haber olvidado. La dulce Verónica aparecía en mi vida una vez más, después de muchos años de ausencia, debido a esos giros que toma el destino. Ahora ella luce un corazón roto, el alma en incertidumbre y pensando en un mañana sombrío que le cuesta cambiar. Fue un tierno abrazo el que selló nuestro encuentro, haciéndome sentir nuevamente humano.


Verónica es una mujer especial, de esas que te hace sentir bien tenerla cerca, debo reconocer que siempre me gustó, me hubiera encantado pedirle que sea mi chica, pero me hubiera encantado más que ella acepte ser mi chica, aquella duda de ser o no ser, fue lo que impidió mostrarle mis sentimientos. Nunca le ofrecí nada ni le demostré lo mucho que me agradaba salir con ella. Solo quise ser su compañero, su acompañante, el cómplice de esos paseos nocturnos, de las charlas tan entretenidas que adornaban nuestros encuentros. Con el tiempo ella se consiguió un novio, entregándole su tiempo y atención, entonces dejamos de vernos, hasta el día de hoy, que ya no tiene pareja.


Ahora ella luce triste, solitaria, aislada en su pequeño mundo, quemando sus recuerdos en esa hoguera que es creada por el rencor y la desdicha. Pero mientras me abrazaba pude reconocer a aquella muchacha dulce que iluminaba mis noches, en esas épocas en que mi vida solo era un ramillete de excesos y desvaríos. Ambos tenemos el cuerpo con piloto automático, existiendo por existir, esperando los buenos momentos que la vida algún día nos regalara. Porque todo es cíclico, las lágrimas de hoy son las sonrisas del ayer, la oscuridad de la luna siempre termina con los rayos del sol, son teorías inquebrantables del vivir.


La ciudad de Lima nos cobijo una vez más, las luces de los faroles mostraron interés en nuestras conversaciones, el viento reconoció nuestras carcajadas, dejamos de ser dos perfectos desconocidos ante la quietud de la noche. Como era de esperarse, ella había madurado más que yo, lo supe al instante cuando me preguntó lo que siempre temo responder: “Que esperas de la vida dentro de un par de años?” y yo le dije: “Quisiera irme a Buenos Aires y terminar de escribir el libro que siempre quise empezar”. Casi fue al instante en que sentí un golpe en la nuca, un golpe suave, ligero, de esos que te despiertan de un sueño: “Cuando aprenderás niño, sigues viviendo en tu burbuja”. Es verdad, yo no espero mucho de la vida, quizás porque presiento que la vida nunca esperó nada de mí, solo andamos de paso, con reír, sufrir, beber y amar pienso que cumplimos nuestra misión en este mundo. Al estar con Verónica pude notar mas detalles míos que antes había dejado pasar, sigo armando mi rompecabezas, descubriendo mi respuesta del porque no puedo aferrarme a nada ni a nadie. No ha sido mala idea rebuscar entre las mujeres de mi pasado lo triste, melancólico y tétrico que puede ser mi presente y futuro.


Ya pasada la medianoche despedí a Verónica con un beso, deseando volver a verla de nuevo, es la primera vez que deseo volver a ver a una chica desde que comencé esta travesía, supongo que es un buen cambio. La vida es una caja de sorpresas, un viaje en tren donde no importa viajar en primera clase o de polizonte, lo importante es disfrutar el camino, aunque a veces no sepamos a donde nos lleve. Vamos perdiendo nuestros pudores, nuestra orgullo, hasta nuestro autoestima, pero nunca debemos perder las ganas de viajar. No te bajes del vagón... que aun queda mucho por conocer.

domingo, 28 de noviembre de 2010

EL CIELO ESTA LLENO


Son las diez de la mañana y suena mi celular, es Olga que me dice si tengo tiempo esta noche para salir con sus amigas, todavía somnoliento tardo un poco para entender la propuesta. Estar con las amigas de Olga es no dormir toda la noche, no porque sean unas ninfomaníacas (aunque probablemente lo sean), sino porque su sentido de la diversión es embriagarse hasta perder la cordura y luego soltar tantas obscenidades que hasta el presidiario mas peligroso pueda sonrojarse. Yo ya no puedo exigirme de esa manera, alguna vez lo hice y los médicos me dijeron que tengo que estar loco para volver a ese ritmo de vida, por eso aunque me duela decirlo, rechace la propuesta de Olga.

Ella no me dejo ni terminar mis razones, “Acaso te volviste cura?, si tu fuiste quien me inicio en este mundo de desenfreno, y ahora me dices que es mejor dormir temprano y escuchar misa, no me jodas. Te quieres ir al cielo? Si fuiste tú quien me dijo que el cielo estaba lleno, que portarse mal no era buen negocio”. Como olvidarlo, si fue hace unos años, que reté a mi querida amiga si podía embriagar y llevar a la cama al pequeño Sergio, que apenas había cumplido dieciocho, como regalo de cumpleaños. Desde aquel día, mi amiga se volvió una devoradora de hombres. Pero aunque quisiera, ya no puedo seguir así, mi propio cuerpo me castigaría si no lo cuido. “Ya me harte de eso, solo quiero dormir y ponerme a escribir en mis ratos libres. Anda búscate otro loco” le dije antes de colgar.

Al cabo de la siguiente media hora he intentado seguir durmiendo, pero no lo logro. Sigo pensando en la propuesta de Olga, en sus amigas y en lo jodido que puede ser mi existencia si no encuentro historias que contar, era evidente que estando en mi cama durmiendo no iba a encontrar nada interesante, Llamo a mi amiga y le digo donde será el encuentro. Son casi las seis de la tarde y entro al bar “Venecia” donde esta Olga junto con tres amigas y varios tipos que recién conoceré. Todos me preguntan como me llamo, yo doy mi nombre falso, mi edad verdadera y mi empleo ficticio. Hemos bebido por más de tres horas y terminamos en casa de Jorge, el jefe de Olga, compartiendo un Vodka y algo de música cubana. Hubo griteríos, bailes sensuales, sexo desenfrenado y ropa tirada por toda la casa.

Entre el humo de los cigarros, las copas rotas regadas en el piso, los discos de salsa y las fotos de la mujer y los hijos de Jorge, que probablemente están de viaje, en cada pared, pude toparme con mi pasado. Cuantas veces he visto la misma escena en mi vida, solo eran los personajes los que cambiaban, las camas siempre son iguales en todos lados, las mentiras cada vez distintas, pero todo termina en lo mismo: sabanas frías que abrigan el cuerpo de una mujer ajena. Me pongo la ropa mientras Olga me observa detrás de la puerta donde Jorge luce exhausto y dormido, me despido con la mirada, dudando si nos volveremos a encontrar. No se si el cielo sea mi lugar, dudo mucho que la personas como yo tengan un buen final, esta noche solo quiero refugiarme en mis palabras, contando una historia que termine tan vacía, como el alma que un día perdí. No puedo escapar de esta maldición de ser un lobo, un lobito feroz que no quiere descansar… ni ser perdonado.