sábado, 19 de febrero de 2011

MEMORIAS I


Tenia dieciséis años y trabajaba en una panadería, tu llegaste un día y te sentaste en la mesa más cerca de la puerta, me pediste un café y una empanada. Tenias los ojos tristes como si la vida no te hubiese tratado bien, me miraste con ternura, preguntaste mi nombre mientras endulzabas tu bebida caliente. Yo solo respondía con frases cortas, a esa edad era más mucho más tímido que ahora, deseaba sentarme a tu lado y preguntarte de dónde vienes, a donde vas y que planeas hacer mañana, pero no hice nada de eso, solo reía nervioso y no te miraba de frente porque ibas a notar que me estaba ruborizando. Luego de algunas palabras cruzadas te fuiste, dejándome una sonrisa que me iba durar por muchos días.

Pero no paso mucho tiempo, porque tres días después volviste nuevamente a pedirme un yogurt y dos tostadas, tenías una falda corta y unos tacones altos, sabía que eras mayor que yo y eso me cohibía aun más. Pero tú siempre tenias pretextos para hablarme, me preguntabas que libro estaba leyendo, te dije que era “La importancia de vivir” de Lin Yutang, me decías para cuando pienso terminarlo y yo te dije “espero que nunca”. Es que me gustaba tanto ese libro que siempre regresaba hacia atrás y me envolvía bajo sus líneas llenas de sabiduría y profundidad, supongo que te parecí un nerd, un ratón de biblioteca que no sabe nada más que hacer con su tiempo, pero tu sonrisa nunca se apagaba, dios como me gustabas!! lo recuerdo. Mis días se iluminaban con la esperanza de tu llegada, servirte lo que me pidas, sentarme a tu lado y por fin preguntarte como te llamabas.

Ser tímido nunca ha sido beneficioso, es como ver una película y sentirse el héroe de la trama, pero cuando el televisor se apaga, sigues siendo Juan Pérez, un indocumentado más en el mundo. Ella vino muchas veces, siempre con las ganas de hablar conmigo, me contaba su jornada de trabajo, sus pocas alegrías y sus ganas de seguir en esta ruleta rusa que le llaman vida. Yo siempre lograba quitarle una sonrisa con mis bromas, es lo que mejor se hacer (y quizás sea lo único), le contaba de los otros libros que leía, de lo violenta que se ponen las calles después de las once, de mis clases de ebanistería en el taller de la escuela. Ya éramos casi como amigos, al menos para mí lo fuiste, quizás para ti solo era el “chico agradable” de la panadería. Pero nunca pude preguntarte como te llamabas, pensé que ya no daba al caso después de más de veinte charlas divertidas, podrías pensar que soy un idiota sin tino. Hasta que un día alguien te llamo desde la puerta “Isabel, nos vamos?”, era tu novio que venía a recogerte. Mientras él te abrazaba la cintura yo podía sentirme el hombre más solo del mundo, fue la primera vez que te despediste sin una sonrisa.

Estuve trabajando ocho meses en ese lugar, viendo como la vida transcurría frente a mis ojos, mientras yo leía un libro de Yutang que hablaba de cómo vivir. Suena irónico pero cada quien busca sus propios caminos. Aun la recuerdo llegar con su falda corta y sus tacones altos, recuerdo su sonrisa como si hubiera quedado tatuada en mi retina, pero las cosas que ella me decía, esas cosas ya no las recuerdo. Porque cuando el olvido cruza tu puerta, no pregunta ni pide permiso, solo se lleva su equipaje y cierra por fuera. El tiempo pasa como pasan las olas del mar, sin el menor murmullo de lo que lleva a su paso.

Ayer salí a recoger a mis sobrinos de su clase de natación y me encontré con Isabel, caminando de la mano de sus dos hijas, me preguntó cómo estaba yo, de donde venia y para donde iba, si ya había terminado de leer aquel libro viejo y si tenía planes a futuro. Le dije que me había vuelto un tío superhéroe, que no hay cosa que ellos me pidan y que yo no pueda hacer, que sigo teniendo aquel libro que aun no termino, y que la vida camina despacio en el presente, que no se que pasara mañana porque ya aprendí a vivir. Me dejo una sonrisa antes de marcharse. Quizás sea porque ya no tengo dieciséis o porque ya no soy el niño tímido que ella conoció, pero aquella sonrisa que se iba alejando poco a poco de mi vista…solo eran un par de labios que se despedían para siempre.

domingo, 6 de febrero de 2011

VIVA EL PISCO SOUR !!


Es sábado por la noche, en toda Lima se celebra “el día del pisco sour”, una dulce bebida aclamada por muchos, dándole esa especial propiedad de encender a las mujeres cuando lo prueban, se dice que una buena charla y dos copas de pisco sour son casi suficientes para tener una noche feliz. Mi celular suena, es mi amigo Cesar que me habla de un lugar muy conocido de la ciudad, donde se prueba el mejor pisco, se trata del Hotel Bolívar, yo le digo que es imposible que yo vaya con él un hotel a probar pisco, que si alguien nos ve no le haría bien a mi reputación, sobre todo por su aspecto de gay disimulado.

Cesar no es gay, solo lo aparenta involuntariamente, pero lo aparenta muy bien. La noche está empezando y mi amigo quiere pasarla a toda madre, acepto ir a “El Bolibarcito” a probar el pisco catedral, tan famoso en el lugar. Pero fuimos tan idiotas al pensar que se podría ir al lugar donde vende el pisco más rico, en el día más celebrado. Era una cola inmensa la que estaba en la puerta del hotel, esperando una mesa para degustar esa bebida. Dimos media vuelta a buscar otros lugares.

Entramos a beber unas cervezas a un night club, mientras veíamos desnudarse a siete chicas al ritmo de las baladas en ingles, me preguntaba si el alcohol deja suceder las cosas, si el amor podría asomarse en ese pequeño mundo, donde todo tiene un precio. Con los años ves tantos cuerpos desnudos que luego ya solo lo ves como un detalle de la escena, como algo que tiene que ocurrir de prisa, saltearse los pasos y a veces hasta las palabras. Salimos del lugar y mi amigo Cesar me confiesa que hace tres meses que no hace el amor con su novia, que se lo ha pedido de muchas formas y ella no acepta debido a su religión, ha jurado no acostarse más con él hasta la luna de miel. Lo más triste del asunto, es que Cesar no tiene planeado casarse por mucho tiempo. Entonces me ha pedido que lo acompañe a una calle donde las mujeres ofrecen su cuerpo, pero tiene una condición extraña en su pedido, dice que quiere tanto a su novia que buscará a una mujer muy parecida a ella, para no sentir tanta culpa.

La travesía comienza, recorrimos varias calles pero no le gustaba ninguna, a una le faltaba el cabello rizado, a otra el cuerpo delgado y a otra el color de piel morena, siempre terminaba soltando la frase “ella no se parece en nada a mi novia”. La lima putañera estaba en su mejor esplendor pero mi querido amigo no encontraba a la mujer que consuele su desdicha. Yo lo único que quería era probar un buen pisco sour, le pido buscar un bar donde comprar uno, nos sentamos en una mesa y pedimos dos copas. La mesera que nos atendió era muy guapa, le dije que le pida el número telefónico y que intente algo, pero el seguía diciendo: “ella no se parece a mi novia”. En la mesa de al lado estaban tres chicas bebiendo lo mismo, yo quise acercarme a pedirles compartir la mesa, pero Cesar me detuvo diciéndome: “Ninguna de ellas se parece a mi novia”. Entendí que era una misión difícil, Cesar no estaba listo para las aventuras, y me alegro por él.

Salimos del bar, pasamos por la misma calle donde abundaban las meretrices, el aire tenía un aroma a pecado, a infierno, no podía encontrar mejor lugar para trasnochar. Pare un taxi que nos llevara a casa, antes de cerrar las puertas veo salir del hotel a una mujer con un tipo mayor, calvo y con traje oscuro, “Oye Cesar, ella si se parece a tu novia”. Mi amigo no le quitaba la mirada, estaba muy lejos, muy oscuro, pero igual pego un grito: “La concha de la lora, creo que ella es mi novia!!”. Yo cerré la puerta y pedí al taxista que arranque el auto mientras me moría de la risa. Las cosas suceden aunque uno no las pida, el silencio solo es un espectador y nosotros los mejores actores. Mientras Cesar marcaba como loco al celular de su novia para sacarse la duda, yo pensaba en lo pequeño que puede ser el mundo a veces, en lo difícil que puede ser dar los siguientes pasos, en las cosas que uno deja de ver por andar de prisa, y también en las locuras que uno puede imaginar con solos dos pisco sour en la sangre.

Feliz Dia del Pisco Sour

sábado, 29 de enero de 2011

VUELTAS DE CAMPANA

Recuerdo cuando tenía diecinueve años, estaba preparándome para dar mi examen de admisión a una escuela técnica, obligado por mis padres he pasado dos meses enteros estudiando como un desquiciado, aunque sea difícil de creer, me sabía casi todos los temas, eran libros enteros los que releía con mucho ahincó. Ese fin de semana tuve una gran recompensa, pues en pleno examen dos tipos bien vestidos me pidieron el favor de soplarle algunas respuestas, eran unos tipos algo mayores y de aspecto solvente, me pase la hora pasándole las soluciones sin que los supervisores me pillen, solamente por la gran sensación de sentirme solidario.

Luego de terminar mi examen, aquellos chicos me invitaron el almuerzo y también unas bebidas, prometiéndome que si ingresaban a dicha escuela me iban a premiar de manera generosa. Aquella tarde cuando fui a ver las notas finales, pude ver mi nombre en el primer lugar (me han dicho que no soy un chico tonto, sino solo distraído), para mi buena suerte, aquellos tipos también habían ingresado, así que la celebración no se hizo esperar. Llamaron a unas amigas del trabajo y tomamos un taxi hacia un bar conocido del centro de Lima. Luego de embriagarnos con las féminas uno de ellos nos invito a su casa, donde seguimos la juerga hasta caer rendidos o hasta terminar cogiéndonos a alguna chica y pasar la fiesta en un hotel, lo que inevitablemente ocurrió conmigo.

Ella se llamaba Isabel, era tres años mayor, pero nunca se lo hice notar, todo corría a mi favor mientras hacia el papel de chico educado, bien formado, estudioso y con metas por delante. Por alguna razón a las mujeres les fascinan los tipos así, como si en cada fiesta esperan encontrar al amor de su vida. Acaso de vez en cuando no les hace bien cogerse a un hombre sin vocación? Sin ganas de ver el futuro ni planes de hacerse viejo con una buena jubilación?. Yo jamás he llegado a un lugar esperando encontrar a la mujer más buena del mundo, incluso debo confesar que las mujeres buenas me aburren, detesto hablar del futuro y de la vida de los demás. Quizás llevo el rumbo equivocado, pero hasta hoy no he aprendido nuevas rutas.

Los años pasaron y yo dejé aquella escuela sin terminar la carrera, no era lo que yo buscaba. Me pelee con mis padres y no pude despedirme de mis amigos, solo salí huyendo sin permiso para no regresar. He querido buscar mi destino en el presente, intentando encontrar ideas coherentes que me ayuden a seguir, pero a veces no tener un patrón definido te enseña a vivir. No siempre te haces un experto haciendo siempre lo correcto, en los errores también puedes hallar pequeñas dosis de sabiduría. Dicen que aquel que no ha caído, nunca sabrá como levantarse. Hoy siento que mi vida ha sido una constante vuelta de campana.

sábado, 22 de enero de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS A MI


Es la semana de mi cumpleaños y he recibido muchos saludos, tarjetas postales, comentarios en el facebook, buenos deseos, invitaciones a comer y beber, no me puedo quejar, ha sido una gran semana, pero esta aun no terminaba.

Los amigos me buscaban para irnos a beber, mi celular ha sonado toda la semana con distintas propuestas, he ido a trabajar varios días con tan solo tres horas de haber dormido, me cite con una ex amante en un centro comercial donde me invito a cenar y se alegro de verme después de mucho tiempo, no nos acostamos aquella noche, pero acordamos hacer un segundo encuentro, con las consecuencias que eso podría tener. Pero lo mejor aun estaba por venir.

Mi amigo James me llama al celular, también mi amigo Luis. Nos encontramos los tres en el bar La Calera de Los Olivos, pedimos unas cervezas y empezamos la charla. James me confiesa que acaba de abrir un negocio propio, un burdel a quince cuadras de su casa, nadie de su familia sabe que el burdel es suyo, y el desea que ese secreto permanezca oculto. Hacemos un brindis por la nueva empresa de aquel camarada que siempre tuvo suerte con las mujeres, este paso se veía venir, no esperaba menos de él. Pero no todo queda ahí, James mete dos paquetes de preservativos en mi bolsillo y me dice que por ser mi cumpleaños, esa noche se ofrece a llevarme a su burdel y ser el gran anfitrión que nunca olvidaré. No lo pensé mucho, salimos del bar y tomamos un taxi rumbo hacia aquel lugar que dice es lo mas parecido al paraíso.

Al llegar pudimos ver un camión de patrulla en la puerta, Luis y yo pensamos que ya le cayo la mancada, que no tardaría mucho en llegar los canales de televisión y en la celebración de cumpleaños iba a aparecer en algún noticiero nocturno, mi madre iba a verme rodeado de putas y policías en su televisor, pensé lo peor. Pero todo fue solo un susto, mi amigo James decía que aquel oficial era un buen cliente, que venia cada semana para gozar de ciertos beneficios a cambio de “cuidar la zona”. El lugar era muy cómodo, amplio y acogedor, mujeres hermosas, buena música, una piscina cerca de la barra, una pista para el baile, un bar donde abundan los tragos exóticos, mi sueño ideal era combinar todo eso en una sola noche.

Amanecía y yo aun tengo aquella imagen guardara en mi mente, tanto alcohol, tantas mujeres, la música a todo volumen y las risas que llegaban de todos lados. James prometió celebrar su cumpleaños en aquel lugar, ya tenia el plan hecho, seria a puertas cerradas, solo los amigos mas íntimos (yo estaba en esa lista), cerveza y whisky sobre la mesa, todas las mujeres que pueda reclutar para ese día a disposición, y que todos los invitados estarían vestidos con sabanas como si fuese una fiesta romana. No ve la hora en que llegue ese día de la primera semana de marzo.

El sol retumbaba el vidrio de las ventanas, estoy en el bus de regreso a mi casa, llevo unas ojeras y olor a perfume barato, dos condones en el bolsillo y una sonrisa que estoy seguro me debe durar un buen tiempo, quizás hasta el cumpleaños de mi querido anfitrión.

domingo, 9 de enero de 2011

FRUSTRACIONES


Me gusta el futbol, no solo jugarlo, sino también verlo y comentarlo. Desde niño lo he practicado, he roto muchos zapatos y destrozado muchos vidrios, las ventanas de mis vecinos supieron de mí. Mi padre me metió en una academia donde podía jugar torneos nacionales e internacionales, yo no era un gran futbolista, pero si cumplidor. Nos llego la noticia que empezarían las giras, íbamos a participar en un torneo de Chile, Luego viajaríamos a Brasil y después a Ecuador para competir, pero tres semanas antes me lesione la pierna, fue una rotura de ligamentos que me impidió caminar por un buen tiempo, me alejo del juego, de la vida social e inevitablemente me alejo de viajar en la gira con mi equipo.

Desde aquel día deje el futbol como deporte principal, para volverlo un pasatiempo. A veces me hubiera gustado ser una estrella, no era bueno, pero era el sueño de todo chico de mi edad. Ahora debo reconocer que soy un futbolista frustrado.

Una noche conocí a Laura de Luna, una hermosa chica que tocaba en un pequeño bar del centro de Lima, nos hicimos amigos a pesar de no tener casi nada en común, quizás solo la afición por la música de Joaquín Sabina. Aparte de su belleza, yo admiraba su manera de tocar la guitarra, la pasión al recitar sus canciones. Un día la hermosa Laura se ofrece hacer una canción partiendo de un escrito mío y quizás cantarla juntos, yo le prometí que para el próximo fin de semana le tendría listo un texto muy bueno, estaba ilusionado, animado, creo que sobreexcitado, siempre quise ser un cantautor, hacerme conocido por mi talento para las letras.

Pero fue muy trágico estrellarme con mi realidad, yo no tengo ningún talento para las letras, han pasado cuatro meses y no he podido escribir una sola estrofa. Cada cosa que escribía terminaba en la basura, no se si fui muy exigente conmigo mismo o tal vez solo soy malo para estos menesteres. He sabido asimilar la cruel verdad, que soy un cantautor frustrado.

Mientras escribía cosas sin sentido en un blog desconocido, encontré una lectora mexicana que se digno a hacerme caso. Me dijo que se había enamorado de mí, que haría lo posible para llevarme a su país, casarse conmigo, tramitar los papeles para que yo pudiera tener la ciudadanía y ser felices por toda la eternidad.

Pero pronto entendí que la eternidad no dura más de siete meses. Aquella muchacha entendió que conmigo no había futuro (mucho trabajo para entender a alguien como yo), que existen mejores tipos, sin la enorme necesidad de traerlos desde tan lejos. Me regalo una visa, me dio un beso de despedida y prometió no olvidarme jamás. Aparte de entender que el “jamás” en las mujeres dura menos de tres meses, también pude aceptar la enorme realidad de que ya no seré un ciudadano charro, que no podre hablar con ese acento tan melodioso que me gustaba un chingo. Ni modo, he pasado a ser también un mexicano frustrado.

Tiempo después pude viajar a México, donde me di la gran vida sin el menor limite. Entre los banquetes de comida, los conciertos, los museos de arte y los bares nocturnos, conocí a una mujer de Oaxaca, con algunos años mayor que yo. Nos embriagamos en la Plaza Garibaldi y dormimos juntos en su hotel. A la mañana siguiente me pidió que me vaya con ella a su ciudad por dos semanas, donde tenía un rancho muy grande, yo iba a ser su huésped. “Y por las noches serás mi chingon (amante)” me decía en tono cariñoso. Por las noches ella se escabulliría en mi habitación mientras todos duermen, todos, incluso su marido.

Pero las fechas no coincidían, cuando la conocí mi boleto de regreso se vencía en dos días, además, yo no estaba en condición de arriesgar el pellejo de esa manera. Tuve que desechar la oferta de aquella mujer que pudo haberse convertido en la última, la que dibuje una disculpa en mi epitafio. Aceptando mi triste destino, el de ser un chingador frustrado.

Mientras tanto la vida transcurre, el tiempo nunca tiene remordimientos, solo apura el reloj y sigue su paso. Me he llenado de frustraciones de lo que quise ser, pero nunca me dio el menor remordimiento, porque cada frustración llevaba una experiencia, una vivencia siempre te deja un aprendizaje. Y es lo que yo soy, un conjunto de vivencias, buenas o malas, que me han convertido en un contador de historias (un contador mediocre, pero ese no es el punto), que anda por el mundo aprendiendo a vivir. Si señores.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL FÚTBOL COÑO !!

Me encuentro con Vanesa después de andar peleados durante dos meses, como siempre, todo ha sido mi culpa, no debí abandonarla en el hotel mientras quería contarme sus problemas, es que no comprendo porque, si no se cómo resolver mis propios problemas, puedo perder el tiempo escuchando problemas ajenos. Vanesa me mando al demonio y no tuve mejor decisión que abandonar la habitación, mientras ella soltaba insultos a su regalado gusto.

Pero hace días que me ha llamado, me dice que necesita verme, que solo yo puedo entenderla, me pide encontrarnos en el mismo hotel donde peleamos la última vez. A mí me gusta ese hotel, porque el dueño nos da una de sus mejores habitaciones, alegando que somos sus clientes favoritos, yo sospecho que ese viejo verde quiere ligarse a Vanesa, pero no se lo digo porque eso implicaría que ella escoja otro hotel y no obtendríamos los mismos privilegios. Así que guardo silencio por conveniencia.

Compramos unas cervezas y ponemos el MTV en el televisor, subimos el volumen para que nadie escuche nuestros ruidos, hacer el amor con aquella mujer siempre es grato, pareciera que cada vez es alguien distinta, nos reinventamos en la cama, pero después de los orgasmos seguimos siendo los mismos miserables que han llegado a aquel lugar solamente en busca de placer en compañia. Después de tres colisiones carnales, yo tomo el control remoto y busco el canal de deportes, aquella tarde se estaba jugando la final del torneo nacional, Vanesa me recrimina, me pide que me vista y la acompañe a las tiendas del centro a comprarse algo de ropa. Yo ni loco aceptaría nuevamente acompañar a una mujer a comprar ropa, es una tortura total, ver como se prueban de todo y nada les gusta, preguntar precios, colores, tallas, marcas, y que nada les guste, realmente es imposible entender porque lo hacen. Tuve que negarme rotundamente, yo ya no vuelvo a pasar por esa calamidad.

Vanesa me ha dejado solo en el cuarto, una vez más se ha ido lanzándome insultos, maldiciendo el momento en que me llamo al celular para volvernos a ver, en el fondo me siento apenado en como la trato, si ella supiera que cada vez que le hago un desplante termino escribiéndolo, seguro que me odiaría más de lo que ya me odia hoy. Pienso que un día ella me abandonará para siempre, se cansara de mis rarezas y borrara mi número de su agenda, o simplemente encontrara a alguien mejor y me convertiré solamente en un mal recuerdo. Pienso todo eso y no me atrapa el más mínimo cargo de conciencia, hasta eso he llegado, en llenarme de indiferencia ante las estupideces que cometo con las mujeres. Debo reconocer que a veces soy el peor de los canallas.

Pero después del sexo, hay algo que ocupa toda mi atención, y eso es el futbol. Encuentro el canal de deportes, el partido está por empezar, este partido promete mucho, no siendo seguidor de ninguno de los dos equipos, bien vale la pena quedarse aquí en la cama, antes que vagar como un estúpido por el centro de la ciudad entre tanta ropa de mujer. A tres minutos de empezar el encuentro suena mi celular, es Vanesa diciéndome: “Es la última oportunidad que te doy para que elijas entre tu estúpido partido de futbol o yo”, me encanta como se oye su voz por el auricular, Vanesa tiene la voz muy sensual, muy femenina, pero en estas circunstancias son los ojos quienes mandan, cuando veía como salían los equipos al campo, el grito de la hinchada enardecida, la lluvia de papeles picados volando sobre el viento, mi respuesta fue más un grito de guerra de un hincha ansioso por manifestarse: “El futbol coño!!, elijo el futbol !!”.

Perdóname Vanesa por dejar que el futbol te gane la batalla, perdóname por ser un cavernícola que siempre te lleva de desaire en desaire, pero si me conociste tan imperfecto como canalla, no esperes que este sapo se convierta en príncipe, pues hay sapos que nunca aprenden.

domingo, 19 de diciembre de 2010

INTERNACIONAL NOCTURNO


Fue una historia corta, pero suficiente para sentir su final. Estaba triste, fatigado y tal vez hasta enfurecido, cuando un romance termina siempre deja sentimientos que se pelean entre sí, y es el más fuerte quien prevalece y se hace notar en nuestro rostro. Entro en un bar y pido una cerveza, el tipo del bar me pregunta porque estoy bebiendo solo, le respondí que había conocido a una mujer de otro país, nos hicimos amantes, pero que luego ella se tuvo que ir, y es aquella ausencia quien me tiene en la lona. El cantinero abre otra cerveza para él y apenas termina el primer sorbo me suelta aquella bendita frase: “Así que eres internacional”.

Amanece por fin y debo ir al trabajo, me encuentro con mi amiga Sandra que me pregunta porque tengo esa cara de desvelado, le conté que había bebido con un tipo para ahogar una pena de amor, me preguntó qué me pasa, que confié en ella y le diga el motivo de mi pena. Aquella mañana le confesé a secas (es decir, sin beber una gota de alcohol) que me sentía triste porque aquella chica de un país lejano me abandonó. Ella muy amorosa pone su mano sobre mi hombro y me dijo que los dolores pasan, que el tiempo se encargará de ello, sin embargo bajando la voz me pregunta si entre mi chica y yo hubo algo más que caricias, le confesé que si hubo mucho más que eso, que en cierto modo fuimos amantes. Entonces Sandra me pellizca el hombro y me dice sonriente: “Ah ya, ósea que ahora eres internacional”.

Es fin de mes y he tenido que ir al doctor por unos malestares que he sentido, mi cuerpo colapsó y tuve que atenderme en el matasanos preferido de mi madre. Después de minuciosos exámenes e incómodos métodos de revisión, el Dr. Lascano me ha encontrado regularmente bien, así que me dice que tal vez mis problemas sean psíquicos, me pregunta si hay algo que me aqueja en estas últimas semanas. Yo lo cuento mi historia, le hablo de la chica de un país lejano, de la pena de no tenerla, de lo poco que me motiva levantarme de mi cama. El médico muy experimentado en cosas de la salud, me receta unas vitaminas (que nunca compré), me sugiere unos ejercicios en la mañana (que nunca hice), y que deje el alcohol por un tiempo prudencial (cuando me dijo esto, me rehusé a pagar la consulta). Dicho todo esto me da un apretón de manos, como sellando un pacto de caballeros, para luego palmotearme la espalda y decirme: “Así que eres internacional eh… bien con eso”.

Han pasado las semanas y ya me siento mejor, he evitado contarles a las personas lo que me tocó vivir para no volver a oír esa bendita frase de ser el “internacional”, como si mis penas valieran poco para no fijarse en ellas. He salido con otras chicas, he tenido algunos viajes, con historias concluidas. La vida continua, me decía mi buen amigo “Lecherote”, mientras bebía una botella de ron a plena luz del día, en la banca del parque donde fui a visitarlo, “nadie ha muerto por amor, a menos que te acuestes con la mujer de un policía. Tenemos mucha vida por delante, algunas historias más por contar, tenemos nombres que quedaran en nuestra cama, cuerpos que con el tiempo se olvidaran, tenemos mentiras, verdades a medias, un testamento que quizás nadie reclamará. Así que no me jodas y levántate Lázaro, que la función debe continuar” decía con la mirada fija en su botella. Le compré unos cigarrillos antes de despedirme de aquel viejo gurú de la vida, quisiera tener su sabiduría, sus años vividos, su afición perfecta por los vicios que algún día terminaran por matarlo, pero que mas da, nadie es perfecto, mucho menos yo. Al mirarlo nuevamente antes de partir, “Lecherote” suelta una frase para terminar el encuentro: “Y ya deja de joder con ese rollo, que la internacional fue ella”.