
Algunas mujeres nos inspiran temor, otras mujeres nos inspiran fantasía, inspiración, algunas hasta nos inspiran respeto, pero hay algunas mujeres que no nos inspiran nada de nada, sin embargo los hombres nos queremos coger a todas, inspiren o no inspiren. Y cuando esas cosas suceden, queremos salir huyendo de la habitación luego de cumplir nuestro cometido. A veces es mas difícil, porque no sabes como reaccionara una mujer ante la huida desprevenida de su amante, es que no es fácil deshacerse de una mujer, sobre todo en la cama.
Sin embargo para esos casos, alguien invento una frase muy buena (si fue un gran invento, probablemente lo debió haber hecho un hombre, no hay otra explicación) y es decirle muy despacio y mirándola fijamente: “No eres tu, soy yo”. Es una frase corta pero muchas veces efectiva, claro que necesita una pequeña dosis de dramatismo y un poco de práctica para poner la cara de niño bueno o de niño tonto (da lo mismo, lo importante es que ella se la crea). Entonces les estamos diciendo que somos muy poca cosa para ellas, que no la merecemos, así no dañamos su ego que por ser mujer ya es bastante grande.
Cuando le estaba explicando a Rocio, las consecuencias de estar con un chico como yo, no lograba entenderme, pensó que algo había hecho mal, quizás se fue a la cama conmigo muy pronto (faltaba mas), talvez sus cambios de humor me habían espantado. Me dio pena que se ponga tan sensible, no podía evitar ponerme triste al verla ahí, pidiéndose explicaciones del por que no puede retener a un hombre a su lado. La tome de la mano, la mire fijamente y le dije: “No eres tu, soy yo”, de pronto pude ver un leve brillo en sus ojos, como recuperando el semblante y el ego enorme que llevaba puesto cuando entro a la habitación del hotel. Me dijo que esta bien, que lo entendía y que espera que algún día yo pueda “mejorar” en mi forma de ser, y que la buscara cuando eso suceda, porque “a pesar de todo… no soy un mal chico”.