lunes, 23 de febrero de 2009

CALENTADOR NOCTURNO


Lucia es mi amiga de muchos años, pero siempre me ha gustado, antes la quería para que sea mi novia, regalarle peluches o dedicarle canciones de amor en un casete, y con el tiempo empezó a gustarme solo para llevarla a la cama, es que los amores también involucionan, van en retroceso inevitablemente por motivos distintos a la pasión. Pero nunca he dejado de quererla como amiga, porque me entiende y cuando no lo hace me da por mi lado, porque me acepta con mis defectos que cada vez son mas notorios, porque sus ojos ven lo bueno que queda de mi cuando ya he perdido hasta la dignidad, en pocas palabras, me quiere porque somos amigas y yo la quiero también.

Pero en el transcurso de nuestra amistad surgieron cosas extrañas, como aquella noche que nos refugiamos en el cuarto de un hotel solamente para “beber unos tragos en paz”, no había que hacer algo mas, solo nos dedicaríamos a beber toda la noche hasta quedar rendidos y dormidos. No era la primera vez que nos amanecíamos en un hotel, pero esta vez yo quería más. Le pregunte si alguien la había besado mejor que otros, me dijo que si, que uno siempre recuerda a los que besan mejor, le confesé que yo no sabia besar, que era muy malo con los labios (lo cual es cierto, pero en mi defensa debo decir que con las manos me suele ir mejor), así que le pedí que me enseñara a besar, como la gran amiga que es, me tenia que dar unas clases con los labios para que me pueda ir bien con las chicas, a lo cual ella accedió. Pero yo no quería solo aprender a besar, sino también quería excitarla con mis labios, hasta que sienta que pueda pasar algo entre nosotros, hasta que se dejara llevar y yo pudiera hacer mi trabajo. Así que empezamos con las clases.

Me dijo que cerrara los ojos y haga lo que mi instinto le dictara, cerré mis ojos emocionado, y sin contar hasta tres sus labios estaban sobre los míos, se movían de una manera rítmica, estimulante, natural, pero cuando yo empezaba a mover mis labios, ella cortaba las clases para decirme que iba mal, que no debería estar tan tenso, volvía otra vez con los besos y me volvía a cortar, confundiendo mis ganas apresuradas con tensión. Así que me dijo que no hiciera nada, que ni mueva los labios, que ella sola haría la clase. Y fue cuando me dio el beso mas delicioso y sublime que me hayan dado hasta ese día, era tanto el calor del momento, que ella se dejo llevar, podía sentir sus gemidos, sus temblores sobre mi pecho, sus ganas de que el momento continuara, estaba mas excitada que yo y me dijo: “ahora si, comienza tú”. Entonces deje que saliera el animal que llevaba dentro, el lobo feroz que estaba listo para atacar, pero había olvidado que aquella chica era una dama, había olvidado que no era como las chicas traviesas a las que suelo frecuentar, pero sobre todo, había olvidado que en realidad yo era muy malo besando.

Así que como era de esperarse, la bese tan mal que enfrié todo momento crucial, baje toda calentura que había provocado anteriormente, le había quitado todas las ganas de seguirme besando. Lucia se alejo de mis labios, abrió los ojos como despertando del éxtasis, me miro como queriéndome dar una bofetada por ser tan idiota al malograrle el instante placentero, y dijo susurrando bajito para que no pueda oírla: “eres un huevón”. A lo que yo, con el honor por los suelos, con el orgullo de macho hecho trizas y con la resignación escondida entre las piernas me acosté a un lado de la cama, me tome el trago de golpe y grité a los cuatro vientos: “Si, soy un huevón !!”, para terminar riéndonos sobre las sabanas que aquella noche solo asistieron para ser testigos de una amistad maravillosa como pocas.